Por qué la gramática debe explicarse en tu idioma

La misma regla es un trámite para un estudiante y lo más difícil del curso para otro, según el idioma que ya habla. Por qué una explicación escrita para todo el mundo no le habla a nadie y qué hace en cambio un curso adaptado.

Una regla, tres estudiantes

Toma una regla inglesa sencilla: el adjetivo va delante del sustantivo y no cambia nunca. A red car, two red cars. Sobre el papel, poca cosa. Y sin embargo no es la misma regla para todos.

Para un alemán o un ruso apenas es una regla: en su idioma el adjetivo también va delante. Solo tienen que aprender que en inglés no se declina, que red es red delante de cualquier sustantivo. Para un hispanohablante es justo al revés, y por partida doble. En español el adjetivo suele ir detrás, «un coche rojo», y además concuerda: «coches rojos». Así que hay dos trampas a la vez: a car red, por el orden, y reds cars, por la concordancia.

  • It is a big red bus.

    Es un autobús grande y rojo.

Tres estudiantes, una regla, tres lecciones distintas. Un curso que escribe una sola explicación y luego la traduce la ha escrito en realidad para uno de ellos, y obliga a los otros dos a leer un texto que o bien les trata como principiantes o bien se salta justo la página que necesitaban.

Los errores dependen del idioma de partida

Los errores de un estudiante no caen al azar. Son su propio idioma asomando. Un hispanohablante que aprende inglés dirá I have twenty years, porque en español los años se «tienen», e is raining, porque «llueve» no lleva sujeto. Dirá people is, porque «la gente» es singular, I am agree, calcado de «estoy de acuerdo», e in car en lugar de by car. Y se comerá el artículo delante de una profesión, porque en español se dice «mi madre es profesora», sin nada delante.

  • I am eleven years old.

    Tengo once años.

  • My mother is a teacher.

    Mi madre es profesora.

Un ruso no cometerá casi ninguno de esos errores. Cometerá otros: se olvidará de los artículos en todas partes, no solo delante de las profesiones, y se liará con los tiempos del pasado de una manera completamente distinta. Ninguno de esos errores se deduce solo del inglés. Nacen de la pareja de idiomas. Una explicación que no sabe de dónde viene quien la lee no puede avisarle del error que está a punto de cometer, ni ahorrarle los veinte que nunca cometería.

Traducir no es adaptar

La mayoría de los cursos se escriben una vez, en inglés, y después se traducen a cada idioma. La traducción conserva las frases y pierde al lector. La versión española de un curso pensado para un público internacional le explica con todo detalle qué es un artículo a alguien que los usa desde los dos años, y no dice ni una palabra de los falsos amigos entre el español y el inglés, porque el original no tenía ningún motivo para mencionarlos. Nadie te avisa de que actually no es «actualmente», de que library no es una librería ni de que embarrassed no tiene nada que ver con estar embarazada.

Un curso adaptado se escribe desde cero para cada lengua materna: la misma regla, los mismos datos y otra explicación, con las comparaciones que ese lector puede aprovechar y los avisos que necesita. Es más trabajo, más o menos un curso por lengua materna en lugar de uno traducido, y es la única manera de que la explicación hable de verdad de quien la lee.

Cómo es en el curso

Cada regla se explica en español, escrita para hispanohablantes y no traducida de un texto genérico. Un hispanohablante y un ruso no leen la misma explicación de la misma regla. Las explicaciones parten de lo que ya sabes: la ficha del adjetivo te dice que va al revés que en español y te avisa de reds cars, y la del artículo te advierte de que con las profesiones es obligatorio, al contrario que en español, antes de que te equivoques.

Esto vale para todos los niveles, no solo para el principio. La gramática de la última lección está tan adaptada como la de la primera, porque la interferencia no se acaba cuando mejoras. Se vuelve más sutil: el «ya no» que se convierte en no longer o en any more según dónde vaya, el «hay» que en inglés cambia según lo que venga detrás.

Y cuando la corrección marca una forma equivocada en una oración que has escrito, la regla que te enseña es esa explicación adaptada, en español, justo en el momento en que la necesitas. No un veredicto, ni una página de una gramática de referencia escrita para todo el mundo: lo único que te ha fallado, explicado para ti.

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